miércoles, julio 23, 2008
18:11. Aeropuerto de Ezeiza.
Esperando embarcar (enavionar, debería ser), hacia Washington, DC.
Hay que luchar por convertir a la gente en sujetos de la tecnología. Luchar por permitir no ser sólo sus objetos. Todo el mundo (oh, panóptico) tiene acceso a cámaras de video: basta pasar por una esquina transitada de un barrio de clase media o alta para ser filmado.
¿Y a quién pertenecen esos datos?
Hace un tiempo en una charla (excelente, by the way), de un investigadorote de MSR, el tipo se preguntaba a quién pertenecían, por ejemplo, los datos sobre la ubicación geográfica de sus usuarios que las compañías de telefonía celular recogen.
Y yo sólo pensaba que quiero esos datos, y hacer dibujitos. ¿Amoral quién?
Hacer dibujitos a partir de datos (visualizar la información, en una perversión direccional es como se dice en el absurdo argot) es una obsesión compartida por la mayoría de los new media artists. Es notable como la noria impiadosa matriza la producción... y de Platón hasta la fecha venimos dándole cuerda al problema de la representación.
Único tema, parece.
Estar en un aeropuerto y estar en tránsito (transitandonós, diría Carlos Alberto), siempre me produce una sensación particular, como de desarraigo. Uno está en el aeropuerto y es más nada que habitualmente. Claro, sí, lo sé, mi negro, siempre somos nada, ¡qué nada somos! de un polvo venimos y al polvo... pero uno es una nada arraigada, enmarcada, contextualizada en una nada-ciudad, una nada-país, haciendo una nada-nada todos los días y convenciéndose asidua, laboriosa, constante y casi imperceptiblemente de que el contexto otorga validez. Raison d'être. Falacia habitual, no te estoy despertando mucho, ¿no?
Pero estando en tránsito uno pierde el contexto, no es locatario, pero tampoco es turista, no es más que una sombra explícitamente pasajera en la vida de la gente que hace su nada-nada en el aeropuerto.
La otra, única, vez que hice un stopover en Washington (same flight, UA 846) conocí a Hugo van Saase, y fuimos a conocer el Capitolio, la NGA y la casa blanca (the president was not at home).
100 uruguayan pesos la cervecita de 333 ml. La puta, che. Mozo, otra.
Hay un puestito de telefónica que te vende dos horas de internet wifi a 200 pé uruguayos. Pero además hay internet gratis en la vuelta....
Esperando embarcar (enavionar, debería ser), hacia Washington, DC.
Hay que luchar por convertir a la gente en sujetos de la tecnología. Luchar por permitir no ser sólo sus objetos. Todo el mundo (oh, panóptico) tiene acceso a cámaras de video: basta pasar por una esquina transitada de un barrio de clase media o alta para ser filmado.
¿Y a quién pertenecen esos datos?
Hace un tiempo en una charla (excelente, by the way), de un investigadorote de MSR, el tipo se preguntaba a quién pertenecían, por ejemplo, los datos sobre la ubicación geográfica de sus usuarios que las compañías de telefonía celular recogen.
Y yo sólo pensaba que quiero esos datos, y hacer dibujitos. ¿Amoral quién?
Hacer dibujitos a partir de datos (visualizar la información, en una perversión direccional es como se dice en el absurdo argot) es una obsesión compartida por la mayoría de los new media artists. Es notable como la noria impiadosa matriza la producción... y de Platón hasta la fecha venimos dándole cuerda al problema de la representación.
Único tema, parece.
Estar en un aeropuerto y estar en tránsito (transitandonós, diría Carlos Alberto), siempre me produce una sensación particular, como de desarraigo. Uno está en el aeropuerto y es más nada que habitualmente. Claro, sí, lo sé, mi negro, siempre somos nada, ¡qué nada somos! de un polvo venimos y al polvo... pero uno es una nada arraigada, enmarcada, contextualizada en una nada-ciudad, una nada-país, haciendo una nada-nada todos los días y convenciéndose asidua, laboriosa, constante y casi imperceptiblemente de que el contexto otorga validez. Raison d'être. Falacia habitual, no te estoy despertando mucho, ¿no?
Pero estando en tránsito uno pierde el contexto, no es locatario, pero tampoco es turista, no es más que una sombra explícitamente pasajera en la vida de la gente que hace su nada-nada en el aeropuerto.
La otra, única, vez que hice un stopover en Washington (same flight, UA 846) conocí a Hugo van Saase, y fuimos a conocer el Capitolio, la NGA y la casa blanca (the president was not at home).
100 uruguayan pesos la cervecita de 333 ml. La puta, che. Mozo, otra.
Hay un puestito de telefónica que te vende dos horas de internet wifi a 200 pé uruguayos. Pero además hay internet gratis en la vuelta....
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en estas semanas volví a Berlin (ah, Berlin) y Frankfurt después de 3 años.
y los cambios, claro, son más notables dentro que fuera.
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